psicopatología

¿Qué es la psicopatología?

Todos conocemos hechos catalogados como anormales. Tenemos noticias de algún dictador loco por conseguir el poder en un lugar de la Tierra, de psicópatas que matan a varias personas por venganza, de suicidios colectivos y extravagantes.

También observamos a personas con crisis existenciales por la muerte de un ser querido o que soportan problemas de relaciones interpersonales y no saben cómo afrontarlos, y muchas sufren por conductas que escapan a su control: fobias, drogodependencias o juegos patológicos.

¿Por qué hay adolescentes anoréxicos? ¿Es normal que algunos jóvenes sufran trastornos de ansiedad? ¿Por qué las relaciones de pareja se degradan o desaparecen poco después de establecerse?

Estos trastornos, graves o leves, son tratados por la psiquiatría y la psicología clínica, que tienen un largo camino por recorrer, porque algunos no están bien definidos, ignoramos sus causas y los tratamientos no obtienen la eficacia deseada.

Los trastornos psicológicos existen desde los orígenes de la humanidad, pero sólo desde hace poco tiempo se ha comenzado a cartografiar la nebulosa montaña de la psicopatología.

Evolución histórica de la psicopatología

Qué entendemos por salud y enfermedad, locura o perturbación psicológica depende, igual que otras concepciones sobre la naturaleza humana, del contexto histórico y de la visión del mundo que tiene una sociedad.

Durante la Antigüedad y en la mayoría de las civilizaciones, los trastornos psicológicos eran una condena, porque se les atribuían causas sobrenaturales. El concepto de enfermedad mental es de reciente aparición, pero los de loco, endemoniado o poseído, parece que han existido siempre.

En Grecia la locura se consideraba producto de la posesión de espíritus malignos y los médicos-sacerdotes establecían rogativas y ceremoniales al dios Esculapio. Esta concepción de la locura como fenómeno sobrenatural se mantuvo hasta Hipócrates (460-357 a.C.). Este pionero de la medicina señaló que el origen de los trastornos mentales radica en el desequilibrio de los cuatro humores corporales: sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla.

Hipócrates fue también el autor de la primera clasificación psicológica de los temperamentos (colérico, sanguíneo, melancólico y flemático), y quien estableció tres categorías de trastorno mental: manía, melancolía e histeria, ideas que perduraron hasta el final de la civilización grecorromana.

En Roma, el principal defensor de la tradición hipocrática fue Galeno (130-200 d.C). Según su opinión, las causas de la locura podían ser orgánicas (lesiones, exceso de alcohol, cambios menstruales) o mentales (miedos, desengaños, angustias). Su esfuerzo por comprender racionalmente la locura se perdió por el oscurantismo e ignorancia que se prolongó durante la Edad Media.

Durante la Edad Media, trastornos psicológicos como la demencia fueron considerados como una manifestación de potencias maléficas y los tratamientos recibidos por las personas que las padecían eran tan bárbaros como las hogueras organizadas por la Inquisición.

El Bosco
El Bosco, Extracción de la piedra de la locura. Una creencia extendida en Europa atribuía la locura a una piedra alojada en el cráneo de los dementes.

 

<<Mil senderos existen que aún no han sido nunca recorridos: mil formas de salud y mil ocultas islas de la vida. Inagotados y no descubiertos continúan siendo siempre para mí el hombre y la tierra del hombre.>>

NIETZCHE, Friedrich: Así habló Zaratustra. Alianza, Madrid, 1992.

A partir del siglo XVIII, durante la Revolución francesa, Philipe Pinel (1745-1826), elaboró una clasificación de los trastornos mentales (melancolía, manía, demencia, idiocia), y defendió un tratamiento de la mente que debía seguir los mismos pasos que los tratamientos físicos para el cuerpo.

El estudio científico de la locura no comenzó hasta finales del siglo XIX y principios del XX. El psiquiatra alemán E. Kraepelin (1856-1926) estableció el concepto de enfermedad mental; Kraepelin consideraba que los trastornos mentales eran análogos a los trastornos físicos y que había que buscar la causa orgánica específica de cada uno. Esta consideración biomédica de la enfermedad mental es defendida hoy por la psiquiatría.

El concepto de enfermedad mental sirvió para aceptar que los individuos con trastornos psicológicos no eran brujas o pecadores, sino personas que necesitan tratamiento. Sin embargo, esta conceptualización recibió duras críticas desde la propia psiquiatría con la obra de Thomas Szasz, El mito de la enfermedad mental.

T. Szasz considera que las <<enfermedades mentales>> se definen socialmente y no desde el punto de vista médico. Por ejemplo, los psiquiatras soviéticos en la época estalinista, diagnosticaban como <<psicóticos>> a ciudadanos disidentes, y así utilizaban metáforas médicas para disfrazar el desprecio por sus ideas políticas.

En la actualidad todavía persiste la controversia sobre el tratamiento psicológico entre la farmacoterapia y la psicoterapia. el descubrimiento de nuevos medicamentos comenzando por los antipsicóticos como la Torazina, los ansiolíticos o los tranquilizantes como el Valium, hasta los más recientes antidepresivos como el Prozac, reflejan avances en el conocimiento de las causas genéticas o bioquímicas de muchos trastornos.

Es cierto que los fármacos alivian los síntomas, especialmente los de la esquizofrenia (delirios, alucinaciones, habla desorganizada y retraimiento extremo) y de la depresión (desesperación, dificultades para pensar, preocupación por la muerte o el suicidio): sin embargo, la farmacoterapia ataca sólo los síntomas del trastorno, no las causas. Aun cuando un desequilibrio bioquímico lo desencadene, se necesita la psicoterapia para afrontar los problemas derivados de la aparición del problema.

El gran reto de la psicología clínica del siglo XXI será crear una psicopatología que integre los factores biológicos y psicosociales y comprender que los trastornos psicológicos ofrecen caras distintas en las diferentes culturas. Además es necesario atender a las peculiaridades ambientales que afectan a millones de personas y no olvidar la advertencia de Amparo Belloch:

Si la sociedad idealiza o valora positivamente un modo determinado de ser, de sentir, de pensar o de comportarse, las imágenes que una sociedad o un grupo humano dominante poseen acerca de una sociedad, de lo que es verdaderamente humano y, por extensión, de lo normal y ajustado a derecho, serán imperativos inescapables a la hora de construir las imágenes de lo patológico.

A. BELLOCH, B. SANDIN Y F. RAMOS: Manual de psicopatología. McGraw-Hill, Madrid, Vol. 1., 1995, p. 5.

Picasso El Loco
Picasso, El loco, 1909.

Los trastornos psicológicos

Los trastornos psicológicos son viejos compañeros de la especie humana y siempre nos han preocupado las alteraciones que provocan en el estado de ánimo o en la conducta. En la sociedad actual todavía existe cierto desconocimiento y miedo frente a cualquier patología psicológica, pero no es fácil encontrar una definición clara desde el punto de vista científico.

Actualmente es posible establecer algunos criterios válidos para deslindar los límites entre lo normal y anormal, y aplicar normas o reglas que nos sirven de guía en el conocimiento de l psicopatología. Hay varios criterios de <<anormalidad>> para explicar los problemas psicológicos.

Criterio estadístico

La idea central del criterio estadístico es que las variables psicológicas que definen a un individuo tienen una distribución normal en su población de referencia. Todo pensamiento, conducta, emoción que se desvíe de la normalidad es considerado patológico. Así podemos diferenciar entre una persona con estabilidad emocional y otra neurótica, igual que distinguimos entre baja y alta capacidad intelectual. Este criterio no es válido porque, ¿consideramos a todos los genios, pensadores y artistas como trastornados? Si una mayoría de personas creen en la vida eterna, ¿son anormales los agnósticos y ateos?

Criterio biológico

El comportamiento anormal se debe al imperfecto funcionamiento del organismo, por alguna alteración del cerebro, bien sea estructural o funcional. Aunque es innegable la importancia de los procesos biológicos en las conductas y emociones humanas, también es cierto que estos procesos son influidos por factores psicosociales y ambientales.

Criterio social

Lo psicopatológico es una construcción o convención social establecida en una época determinada. Como podemos comprobar por los estudios transculturales, lo que en una cultura es normal, es anormal en otras, por ejemplo, mientras el alcohol es una droga legal en Occidente, en la cultura árabe está prohibido.

Criterio subjetivo y personal

Cada individuo sabe cuál es su incapacidad o sufrimiento personal para desarrollar con éxito su vida. Este criterio tampoco es correcto porque muchas personas desconocen sus síntomas o los interpretan mal. Los hipocondríacos son capaces de inventarse enfermedades y es difícil que una persona demente se valga por sí misma.

Tal vez podemos pensar que ningún criterio es válido, pero debemos reconocer que todos son necesarios. Los criterios son relativos y no todos tienen el mismo grado de cientificidad ni explican de igual manera la conducta anormal. Sí es importante saber que tener dificultades en la vida, no es sinónimo de estar <<loco>>.

La salud física y psicológica, tanto en su génesis como en su mantenimiento es un estado o proceso bio-psicosocial. La salud y la enfermedad son procesos determinados por diversas variables:

  • Biofísicas: genéticas, neurológicas, fisiológicas, etcétera.
  • Psicológicas: conductas de riesgo, emociones, o estilos cognitivos, etcétera.
  • Sociales: variables sociodemográficas, estatus social, sexo, etcétera.
  • Culturales: transformaciones socioculturales que vive Occidente.

Diferentes modelos de categorización

Podemos comparar la psicopatología con la contemplación de una estatua, donde caben distintos modos o ángulos de visión, todos necesarios para adquirir una imagen más completa. Alan E. Kazdin defiende que todo modelo de la psicopatología es <<una forma global de ordenar esta área de estudio. Representa una orientación para explicar la conducta anormal, llevar a cabo la investigación e interpretar los hallazgos experimentales.>>

No es lo mismo creer que los trastornos psicológicos son causados por una posesión demoníaca (concepción mitológica) que considerarlos como enfermedad (modelo biomédico), o pensar que son comportamientos anormales desadaptados (modelo cognitivo-conductual). Los criterios y concepciones teóricas diferentes implican tres modelos psicopatológicos: el biomédico, el conductual y biopsicosocial.

El modelo biomédico

Considera el trastorno mental como una enfermedad física más; cualquier alteración psicopatológica depende de unas causas biológicas subyacentes, sean genéticas, neurológicas o bioquímicas. Este modelo ha sido desarrollado por la psiquiatría, que trata los síntomas de la enfermedad, clasifica los cuadros clínicos y los tratamientos se realizan con fármacos, olvidando posibles intervenciones psicosociales.

El modelo cognitivo-conductual

Describe el comportamiento como un continuo y las variables que influyen en la conducta anormal son variadas y complejas, igual que las de la conducta normal. Las diferencias entre ambas son de grado y no de tipo. La conducta anormal es menos eficaz y adaptativa que la normal, y más inquietante, pero se mantiene y modifica por los mismos principios. Los seguidores de este modelo conciben la terapia como una tarea educativa consistente en enseñar a la persona a enfrentarse con sus dificultades y a adquirir mayor control de su vida.

El modelo biopsicosocial

El paradigma biopsicosocial es un marco conceptual para guiar la práctica clínica, que trata de analizar la complejidad de la conducta desde tres niveles: biológico (genética, cerebro, drogas), psicológico (procesos cognitivos, afrontamiento del estrés), y social (sucesos vitales estresantes). Este modelo acepta la interacción entre diferentes niveles, aunque todavía faltan investigaciones para saber cómo se concretan estas relaciones.

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