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¿Qué es la percepción?

La percepción no es una mera suma de estímulos que llegan a nuestros receptores sensoriales, sino que cada individuo organiza la información recibida, según sus deseos, necesidades y experiencias. El cerebro transforma de forma casi instantánea los mensajes sensoriales en percepciones conscientes.

La percepción es un proceso constructivo por el que organizamos las sensaciones y captamos conjuntos o formas (gestalt) dotadas de sentido.

La integración de cada persona al ambiente en el que se desarrolla, depende de su capacidad perceptiva. Si analizamos esta definición obtenemos que la percepción:

  • Es un proceso constructivo que depende de las características del estímulo (que activan los órganos de los sentidos) y de la experiencia sociocultural y afectiva del sujeto perceptor. El sujeto utiliza esquemas perceptivos y, al percibir, está condicionado por su aprendizaje y experiencia, su personalidad y su cultura.
  • Es un proceso de información-adaptación al ambiente. El objetivo de la percepción es dotar de sentido la realidad que vivimos, facilitarnos información sobre el mundo y permitir nuestra adaptación al entorno. Todas las especies desarrollan un aparato sensorial especial para recoger información esencial para su supervivencia. El águila y otros pájaros de presa tienen una vista muy precisa, los perros pueden oler cosas en concentraciones 100 veces inferiores a nosotros, y los murciélagos disponen de un sonar capaz de rastrear y capturar insectos pequeños.
  • Es un proceso de selección. Como la información que recibimos es excesiva y los recursos del individuo son limitados, percibimos lo que es relevante para nosotros en cada circunstancia. Esta selección de estímulos, de gran importancia para nuestra adaptación y supervivencia, se produce mediante la atención.

La atención  es una actividad consciente que inhibe lo que pueda interferir, orienta los sentidos, los sistemas de respuesta y los esquemas de conocimiento residentes en la memoria. La atención puede sufrir constantes modificaciones y disminuye en determinadas circunstancias (antes de ir a dormir, casos de embriaguez, etcétera.)

Fases del proceso perceptivo

¿Cómo percibimos los objetos físicos e interpretamos los acontecimientos ambientales? La psicología de la percepción investiga cómo la energía física captada por los receptores sensoriales se transforma en el reconocimiento de formas y objetos reales. La investigación actual muestra que no percibimos el mundo tal y como es, de forma simple y automática, sino que lo construimos mediante los procesos sensoriales, perceptivos y atencionales.

Existen cuatro fases perceptivas, de las cuales las tres primeras se deben a los órganos de los sentidos: detección, transducción, transmisión y procesamiento de la información.

Detección

Cada sentido dispone de un receptor, grupo de células sensibles a un tipo específico de energía. Algunas células del ojo son sensibles a la energía electromagnética, las células del oído responden a las vibraciones del aire, etcétera.

Transducción

Parte de nuestro talento natural depende de la capacidad del cuerpo para convertir un tipo de energía en otro. Los receptores transducen o convierten energía del estímulo en mensajes nerviosos. Cuando hablamos con alguien por teléfono, el micrófono convierte las señales sonoras en eléctricas. De forma similar, nuestros sentidos convierten la energía electromagnética (la luz) o las ondas del medio físico (sonidos) en señales electroquímicas que circulan por nuestro sistema nervioso.

Transmisión

Cuando la energía electroquímica tiene la suficiente intensidad, desencadena impulsos nerviosos que transmiten la información codificada, sobre las características del estímulo, hacia diferentes zonas del cerebro.

Procesamiento de la información

Nuestros órganos sensoriales detectan energía y la codifican en señales nerviosas, pero es el cerebro quien organiza e interpreta (procesamiento) la información en forma de experiencias conscientes.

Clasificación de los órganos sensoriales

La sensación se origina cuando el órgano de un sentido (receptor) es estimulado por una energía física (color, olor, etc.). Nuestro cerebro organiza la información que proviene de los sentidos y otorga un significado a las sensaciones.

Los seres humanos tenemos cinco sentidos que nos informan del mundo exterior: vista, gusto, oido, tacto y olfato (exteroceptores). También disponemos de otros que reciben información del interior de nuestro organismo (interoceptores) y otros que nos informan del movimiento y nos permiten sentir nuestros músculos y articulaciones (propioceptores).

Los sentidos exteroceptores

Gusto

El gusto es un sentido de carácter químico, que nos permite percibir muy pocos sabores. Básicamente son sólo cuatro: dulce, salado, ácido y amargo. La riqueza de gustos se consigue combinando estos cuatro. El órgano sensorial del gusto se compone de unas células llamadas papilas gustativas, que recubren la superficie de la lengua, uno de los músculos más versátiles (ayuda al tacto, exprime la comida y conforma los sonidos del lenguaje). Las papilas tienen la capacidad de estimularse por ciertas sustancias químicas. Al hacerlo generan un impulso nervioso que es conducido al cerebro. Así es como tomamos conciencia del sabor.

El gusto puede estar influido por los datos de otros sistemas sensoriales, por ejemplo el olfato. Para paladear un sabor, normalmente aspiramos el aroma por la nariz, razón por la que no nos agrada tanto comer cuando tenemos un gran resfriado.

Olfato

El olor es otro sentido químico. El estímulo son las sustancias volatizadas, que excitan los receptores presentes en la parte superior de las fosas nasales. Todavía es un misterio cómo funcionan los receptores olfativos.

Aunque los olores son indefinidos en número, se han realizado diversas clasificaciones de los olores, pero ninguna ha sido aceptada de forma universal. Henning distingue seis olores básicos: pútrido (olores fecales), fragante (la rosa), etéreo (el limón), aromático (la canela), resinoso (la trementina) y quemado; de la mezcla de estos olores básicos, se originan todos los demás. A pesar de nuestra capacidad para discriminar olores, no somos tan eficaces para describirlos.

Visión

La mayor parte de información que obtenemos del mundo es visual. La vista es considerada el sentido humano dominante, porque nos permite percibir el espacio, orientar nuestros movimientos y evitar peligros.

Los ojos son, probablemente el órgano sensorial más importante y trabajan juntos para transmitir imágenes al cerebro por el nervio óptico. Cada ojo incluye las siguientes estructuras:

  • La córnea: es la parte del ojo que está en contacto con el exterior.
  • El humor acuoso: es un fluido claro que proporciona alimento a la córnea y se recicla completamente cada cuatro horas.
  • El iris: se encuentra detrás del humor acuoso, controla la cantidad de luz que entra en el ojo cambiando el tamaño de la pupila y es responsable del color de los ojos.
  • La pupila: es un pequeño orifico circular en el centro del iris que regula la cantidad de luz que entra en el ojo.

Audición

El oído es fundamental para la comunicación por medio del lenguaje. Somos muy sensibles a las diferencias de sonidos y podemos detectar las diferencias entre millares de voces humanas. Algunas personas, músicos e invidentes, tienen esta capacidad especialmente desarrollada.

El oído se puede dividir en tres partes:

  • El oído externo: recopila los sonidos y los envía hacia una membrana tensa llamada tímpano, que vibra con estas ondas.
  • El oído medio: transmite las vibraciones del tímpano a través de una cadena de tres huesecillos llevándolas hasta un tubo en forma de caracol.
  • El estribo: produce desplazamientos del líquido en el oido interno, desplazamientos que estimulan las terminaciones nerviosas, lugar donde realmente comienza el proceso auditivo.

Tacto

Percibimos las distintas sensaciones táctiles a través de la piel. La sensibilidad de la piel es muy alta en partes del cuerpo que exploran el mundo de manera directa: las manos y los dedos, los labios y la lengua.

El dolor se percibe por las terminaciones nerviosas libres, que pueden excitarse por una amplia variedad de estímulos agudos (calor, frío, presión, etc.). Para ser conscientes de las sensaciones captadas por estos receptores su información debe llegar a la corteza cerebral.

 

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