La sexualidad humana

Nadie sabe cuándo ni cómo empezó, pero tanto en el reino animal como en el mundo humano podemos observar la importancia de la sexualidad en la historia de la vida. La sexualidad evoluciona con la historia de la cultura, de la sociedad, y de cada hombre y mujer en particular. Es una dimensión inherente al ser humano desde el nacimiento hasta la muerte, se manifiesta en todos los actos de su vida, moldea su personalidad y afecta a su equilibrio emocional y social.

Perspectivas de la sexualidad

Dimensiones de la sexualidad

La sexualidad se nos muestra como una realidad tan compleja y diversa que es imposible acotar todo lo que puede representar bajo una única mirada. Comprender la sexualidad humana supone reconocer su índole pluridimensional. Estas dimensiones no son estables sino que están sujetas a cambios y en una interacción constante. Las dimensiones más importantes son:

  • Dimensión biológica – Los factores biológicos están compuestos por fenómenos anatómicos, fisiológicos y endocrinos implicados en la relación sexual. Todo ser humano dispone de un programa genético, de un sistema nervioso y de un sistema hormonal que confluyen en una estructura psicofisiológica, base sobre la que se construye la conducta sexual.
  • Dimensión psicoafectiva – En el ser humano, el surgimiento del impulso o deseo sexual depende tanto de los mecanismos hormonales y del sistema nervioso, como de estímulos externos e internos. Explicar la conducta sexual y la orientación afectiva de las personas son tareas propias de la psicología.
  • Dimensión clínica – Si bien la actividad sexual es una función natural del individuo, existen numerosos impedimentos que pueden disminuir el placer o la comunicación. Algunos problemas psicológicos como la ansiedad y la depresión pueden originar problemas de convivencia, que repercuten en la vida sexual. Desde esta perspectiva se buscan soluciones, por ejemplo, a las disfunciones sexuales.
  • Dimensión sociocultural – Cada sociedad modela y ordena el desarrollo y expresión de la sexualidad de sus miembros. También establece unos valores y pautas para justificar los comportamientos sexuales. Estas influencias condicionan la forma de vivir cada individuo su sexualidad.

La psicosexualidad. Origen y desarrollo

Las sociedades humanas de todas las épocas y culturas han conocido una serie de normas para regular, de forma más o menos estricta, el comportamiento de los individuos que las componen. La sexualidad no es una excepción, aunque su consideración social ha sido muy diferente en cada época histórica.

La metáfora del origen

Los antropólogos conciben la ley del incesto como la primera regla básica para el comienzo de la civilización. En la gran mayoría de las culturas el tabú del incesto prohíbe y condena las relaciones sexuales entre ascendientes y descendientes.

Esta prohibición contribuyó a proteger la cultura de los problemas genéticos de la consanguinidad y de los potenciales problemas sociales que suponen las relaciones sexuales dentro de una familia.  También proporcionó la paz en la sociedad tribal y originó la regulación de la expresión sexual. En el futuro ya no sería necesario ejecutar al padre tiránico. La instauración de la prohibición del incesto indica que toda sociedad ha tenido una organización de la vida sexual humana.

Aprender a vivir la sexualidad

Lograr un desarrollo psicosexual sano y satisfactorio no es una tarea fácil para los hombres y las mujeres. La falta de educación afectiva y sexual produce estas consecuencias: desconocimiento de la sexualidad humana, uso infrecuente de métodos anticonceptivos, muchos embarazos adolescentes no deseados, enfermedades de transmisión sexual, estereotipos y prejuicios sobre el funcionamiento del propio cuerpo y del otro sexo, y comportamientos sexistas que bloquean la independencia personal.

Estas carencias formativas suponen un desarrollo deficiente de la personalidad. Por eso, la educación afectiva y sexual puede ampliar nuestros conocimientos, eliminar los prejuicios sobre el sexo y rechazar las actitudes sexistas. Hombres y mujeres somos personas con un mismo imperativo: construirnos sin las muletas históricas y convencionales que hemos heredado.

Las ideas de normal y anormal

Tradicionalmente, el criterio aceptado para distinguir lo normal y anormal en sexología, era fundamentalmente religioso y cultural. La sexualidad se justificaba por su perspectiva reproductiva, de ahí la consideración como anormal, inmoral o vicioso de hechos como el placer, la masturbación o la homosexualidad.

Las nociones de lo que es normal o anormal no tienen fundamento científico, sino que están basadas en criterios tradicionales, culturales o estadísticos. La normalidad depende de la psicología de cada individuo, de las influencias y costumbres aportadas por la sociedad en que vive, así como de sus propias circunstancias particulares. Cada persona valora la normalidad según sus deseos y convicciones.

Son las personas que se aman quienes pueden decir lo que sienten o cómo desean expresarse, orientados por sus deseos y espontaneidad, siendo conscientes de los valores de no manipular y respetar la libertad ajena.

Si tenemos en cuenta este criterio, podemos considerar anormales ciertos comportamientos como los que se imponen por la fuerza y el chantaje, los que provocan ansiedad y no afecto, o la rigidez tradicional de los roles sexuales.

Funciones de la sexualidad

Durante siglos, una cultura autoritaria y represiva negaba y reprimía un hecho natural y evidente: que somos seres sexuados. La sexualidad, en los seres humanos, significa mucho más que un simple mecanismo de reproducción puesto a nuestra disposición por la naturaleza. El amor, la ternura y el placer sensual coronan el último estadio de un largo proceso evolutivo. Las principales funciones de la sexualidad son la comunicación, el placer y la reproducción.

La comunicación

La comunicación y la relación interpersonal son imprescindibles para el desarrollo físico y psicosocial del ser humano. El contacto corporal transmite sentimientos y afectos. Es un lenguaje más espontáneo y sincero que el lenguaje verbal. La comunicación afectiva y sexual no siempre requiere de las palabras.

El placer

Durante siglos la tradición judeo-cristiana consideró que el placer era pecaminoso y la única función de la sexualidad era la procreación. Estas ideas conformaron una mentalidad que dificultaba la consecución del placer. Sin embargo, las sensaciones de placer y displacer son las primeras que experimenta el ser humano y son indispensables para el desarrollo de su personalidad. El placer es el resultado de una relación gratificante consigo mismo y con otras personas. Por tanto, es un valor humano para desarrollar y cultivar.

Reproducción

Todo ser vivo, desde las bacterias hasta los mamíferos tiene en la función reproductora el secreto de la perpetuación de la especie. Aunque la sexualidad es permanente en la vida del individuo, su capacidad reproductiva se reduce a ciertas edades.

Actitudes ante la sexualidad

Toda persona tiene ideas y realiza juicios sobre los hechos o acontecimientos, pero cuando actúa según sus convicciones o creencias, decimos que muestra una actitud. Las actitudes son un sentimiento más que una idea lógica. No son fruto de un acto razonado o deliberado, sino disposiciones valorativas, con tres componentes: cognitivo, afectivo y conductuales. Los seres humanos difieren en sus actitudes ante el placer o los anticonceptivos. Los diferentes componentes forman una estructura que tiende a permanecer estable. Sin embargo, en diferentes ocasiones pueden producirse contradicciones entre los mismos y suelen ser el inicio del cambio de actitud. A veces, el pensamiento de un individuo está en contraposición con sus sentimientos o actuaciones.

La respuesta sexual humana

Los investigadores de la conducta sexual disponen de tres ventanas de observación (fisiológica, cognitiva y afectiva), que les permiten comprender mejor los aspectos del deseo sexual que dependen de mecanismos cerebrales.

El deseo sexual es una de las manifestaciones del comportamiento, al mismo nivel que la sed, el hambre o el sueño. El apetito sexual es, igual que la atracción por la comida, una interacción compleja de procesos cognitivos y fisiológicos, y de unos mecanismos neurofisiológicos y bioquímicos.

Bases fisiológicas y psicológicas

Varias partes del cerebro intervienen en la conducta sexual. Una de las áreas influyentes es el hipotálamo, estructura del cerebro que controla la liberación de las hormonas hipofisiarias, supervisa las variaciones de hormonas en la sangre y activa los circuitos nerviosos implicados en la excitación. Es el cerebro el que indica a las gónadas lo que deben hacer y cuándo.

Las hormonas y la conducta sexual

Si algo tenemos en común fisiológicamente hombres y mujeres es aquello que nos hace ser tan diferentes: las hormonas sexuales. Las glándulas del sistema endocrino secretan hormonas que se desplazan por la sangre e influyen en otros tejidos del cuerpo. Algunas glándulas importantes del cuerpo humano son la hipófisis, los testículos y los ovarios.

Las hormonas son sustancias químicas producidas y segregadas por las glándulas endocrinas que afectan a determinados órganos, bien aumentando o disminuyendo su actividad metabólica, es decir, acelerando o ralentizando sus procesos bioquímicos.

Las hormonas implicadas en la sexualidad humana son la testosterona, los estrógenos y la progesterona. Todas estas hormonas se encuentran en ambos sexos, pero con niveles distintos de concentración.

Los testículos producen espermatozoides, y también unas hormonas llamadas andrógenos. El principal andrógeno es la testosterona, y su secreción durante la pubertad da lugar a la aparición de caracteres sexuales secundarios: la profundidad del tono de voz, el crecimiento corporal o la distribución del vello.

En la mujer los ovarios producen dos hormonas llamadas estrógenos (produce la maduración de los caracteres sexuales sexundarios en la mujer) y progesterona (prepara al aparato reproductivo femenino para el embarazo).

Pero son las glándulas de la hipófisis LH (hormona luteinizante) y FSH (hormona foliculoestimulante), las que controlan la emisión de hormonas sexuales en los testículos y los ovarios. En la mujer estas hormonas salen de forma cíclica durante la menstruación. En el hombre, la salida de las hormonas hipofisiarias es tónica, de forma que la producción de testosterona es constante en el tiempo.

En ambos sexos la descarga de hormonas de la hipófisis está controlada por el hipotálamo. Éste es un sistema de retroalimentación (cerebro-hipófisis-otras glándulas-hormonas-cerebro), que ilustra la interacicón existente entre el sistema nervioso y el endocrino.

Los estímulos psicológicos

No es posible reducir el comportamiento sexual a la acción de las hormonas. Los estímulos del medio condicionan las reacciones sexuales de cada individuo. La cultura, la familia, los conocimientos que procesa a través de los amigos y las revistas, la televisión o Internet, moldean su conducta sexual.

Esta conducta depende de la situación que atraviesa el individuo en una época determinada, por ejemplo, una persona con ánimo depresivo reduce la probabilidad de embarcarse en una aventura sexual.

Además de los estímulos externos, la elaboración de imágenes mentales son una fuente de estímulos internos. Las personas se excitan sexualmente gracias a las fantasías, aunque no concuerden con la vida real, y al recuerdo de actividades sexuales pasadas.

La madurez supone aprender a crear relaciones en las cuales haya tanto excitación como bienestar, sexo y ternura, espontaneidad y continuidad. Esto no surge por generación espontánea, crear una amistad erótica es un arte y un logro significativo.

El ciclo de la respuesta sexual

Denominamos respuesta sexual a los cambios que experimenta un organismo ante la presencia de estímulos erógenos. La estimulación sexual puede producirse por medio de cualquier sentido, y también por la imaginación. Las zonas erógenas son los lugares de nuestro cuerpo con mayor sensibilidad y todo nuestro cuerpo es susceptible de ser estimulado.

La respuesta sexual humana consta de cuatro fases: excitación, meseta, orgasmo y resolución. A éstas añadimos la fase de deseo, porque se precisa la estimulación durante la excitación. El deseo es una de las manifestaciones sexuales más sorprendentes y complejas de la sexualidad. Tanto si es fugaz o vivaz, lánguido o apasionado, es la expresión de una atracción, y el resultado del funcionamiento de los sentidos y de influencias socioculturales.

  • Fase de excitación. En el hombre el signo físico más destacado es la erección, producida por la afleuncia de sangre a los tejidos del pene. En la mujer se lubrica y expande la vagina, y los pechos y pezones se agrandan. En ambos sexos hay un aumento del ritmo cardiaco y la temperatura. Estos cambios preparan a los órganos sexuales para practicar el coito.
  • Fase de meseta. En esta fase la excitación y la vasocongestión son altas. En el hombre se originan sensaciones de inminencia eyaculatoria. Y en la mujer, la secreción vaginal aumenta y parece próxima la sensación de orgasmo.
  • Orgasmo. Durante el orgasmo se libera la tensión acumulada en fases anteriores. Se observan contracciones musculares en todo el cuerpo, y un aumento de la respiración, el pulso y la presión sanguínea. Ésta es la fase más breve e intensa en sensaciones placenteras.
  • Fase de resolución. Las constantes vitales recuperan su tono normal. Se produce una sensación de relax y bienestar general. Durante esta fase el hombre entra en un periodo refractario en el que no puede volver a tener un orgasmo. La mujer no tiene un periodo tan extenso.

Los ritmos de respuesta sexual varían de unas personas a otras y dependen de las situaciones. Existen diferencias significativas entre el comportamiento sexual de hombres y mujeres. Entre otras cosas, los hombres y las mujeres necesitan diferentes niveles de estimulación para alcanzar el orgasmo y otorgan significados distintos al sexo. El orgasmo simultáneo es difícil de obtener y los juegos, caricias o la ternura pueden hacer la relación más satisfactoria que la propia respuesta sexual.

Disfunciones sexuales

La respuesta sexual puede ser alterada de diferentes formas y por diversos motivos, tanto en el hombre como en la mujer. Las disfunciones sexuales pueden manifestarse en cualquiera de las fases e impiden que una persona participe o disfrute del sexo. W. Masters y V. Johnson establecen una clasificación de disfunciones observadas en ambos sexos.

Disfunciones en la mujer

  • Excitación sexual inhibida. Este término sustituye el antiguo de frigidez, por sus connotaciones peyorativas. Las causas más frecuentes son educativas: percibir el coito como algo culpabilizador, desconocimiento sexual, verguenza o miedo al rechazo.
  • Vaginismo. Es la aparición de un espasmo muscular del tercio exterior de la vagina que obstaculiza la actividad sexual. Confundir esta disfunción con la falta de deseo sexual en la mujer puede originar problemas en una pareja.
  • Anorgasmia. Dificultad o imposibilidad de alcanzar el orgasmo, por una inadecuada estimulación, desconocimiento del propio cuerpo o por otras causas.
  • Dispareunia. Es el dolor genital durante el coito por falta de lubricación vaginal.

Disfunciones en el hombre

  • Excitación sexual inhibida. Este término sustituye a impotencia por su claro carácter peyorativo. Consiste en la ausencia o disminución de la erección. Las causas pueden ser orgánicas, por ingestión de drogas, o psicológicas, como el estrés o la ansiedad.
  • Eyaculación precoz. Se produce cuando no se controla la eyaculación y se realiza en completa asincronía con la otra persona.
  • Orgasmo inhibido. Ausencia de eyaculación después de un periodo adecuado de excitación sexual.

Causas psicológicas

Algunas disfunciones pueden ser consecuencia de transtornos físicos (hipertensión), o por ingestión de determinadas sustancias (alcohol, fármacos), pero en la mayoría de los casos surgen por causas psicológicas:

  • Personales: falta de información, aceptación de mitos culturales irracionales, miedo a la intimidad, a la relación sexual o al rechazo. Otra causa es el aburrimiento sexual por relaciones rutinarias y faltas de espontaneidad.
  • Impersonales: deficiente comunicación o luchas por el poder en la pareja, diferentes actitudes hacia el sexo o preferencias sexuales.

La causa fundamental de las disfunciones es la inhibición de alguna de las fases de respuesta sexual, y suelen estar presentes la ansiedad, la falta de habilidades y conocimientos sobre el propio desarrollo sexual y de la pareja, y la adopción del rol de espectador. Junto a éstos debemos destacar los prejuicios, mitos y creencias erróneas acerca de la sexualidad, que constituyen una barrera que derribar, si queremos desarrollar una vida sexual satisfactoria.

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