Trastornos de la personalidad

¿Conoces a personas suspicaces y desconfiadas? ¿Tienes algún amigo narcisista o dependiente? Los trastornos de la personalidad no son algo exótico sino formas de conducta desadaptadas que podemos descubrir en nuestro entorno laboral, social o familiar.

Normal / Anormal

En la vida cotidiana mucha gente explica la conducta de alguien que le desagrada llamándole <<loco>>, <<sádico>>, <<paranoico>>, etc. Así lo excluyen del resto de <<nosotros>>, las personas <<normales>>, y con este estereotipo, la gente ya no necesita preocuparse por su conducta. Esta creencia nos hace olvidar la influencia de las presiones situacionales cuando surgen muchas conductas anómalas. Numerosas variables situacionales pueden lograr que personas <<normales>> se comporten de forma desadaptada.

No es posible diferenciar de forma absolutamente objetiva entre normalidad y anormalidad. Pero, ¿qué diferencias hay entre una y otra? Theodore Millon y Roger Davis señalan tres criterios para diferenciar el funcionamiento de la persona con un trastorno de personalidad:

  • Presenta una estabilidad frágil o una carencia de capacidad de adaptación, en condiciones de estrés; provoca situaciones críticas y percibe la realidad social de forma distorsionada.
  • Es inflexible desde el punto de vista adaptativo. La persona normal es flexible respecto al papel que desempeña, sabe cuándo tomar la iniciativa y modificar el entorno y cuándo adaptarse a lo que el entorno dispone.
  • Los repertorios patológicos que dominan su vida se repiten como círculos viciosos, provocando nuevos problemas y perdiendo oportunidades de mejorar.

¿Qué características comunes podemos atribuir a las alteraciones de personalidad? Las más frecuentes son:

  • Surgen en todas las culturas y grupos sociales.
  • Son pautas de conducta limitadas y rígidas, que impiden nuevos aprendizajes y conductas.
  • Causan fragilidad emocional en situaciones estresantes.
  • No son desórdenes homogéneos. Cada narcisista, por ejemplo, muestra diferencias individuales respecto a su grupo.

Criterios para clasificar trastornos

Th. Millon y R. Davis consideran que la personalidad es un conjunto de pautas de afrontamiento aprendidas, formas complejas y estables de manejarse en el entorno. Estos psicólogos han clasificado once trastornos de personalidad de menor (narcisista) a mayor gravedad (esquizoide), con extensas descripciones y ejemplos de cada una de las alteraciones. La evaluación de la personalidad se efectúa atendiendo a los siguientes ámbitos:

  • Comportamiento observable: está formado por unidades discretas de conducta a partir de las que se expresan los rasgos.
  • Comportamiento interpersonal: se analiza cómo interactúa el individuo con los demás.
  • Estilo cognitivo: es la forma en que el individuo procesa la información recibida del entorno psicosocial (distorsiones cognitivas, formas de evaluación).
  • Mecanismo de defensa: sirven para proteger la conciencia de los sentimientos de ansiedad. Rara vez son accesibles a la reflexión consciente.
  • Autoimagen: es la manera en que el individuo se percibe a sí mismo y aunque todo el mundo tiene una idea de <<quién es>>, cada persona se diferencia de otras respecto a la claridad y precisión de su percepción.
  • Representaciones objetales: son las experiencias tempranas, compuestas por recuerdos, actitudes y emociones, que dejan una huella en nuestra mente, incluso antes de la aparición de nuestra conciencia.
  • Estado de ánimo-temperamento: todas las personas poseen un estado de ánimo predominante, unas veces impuesto por acontecimientos vitales, otras, determinado por su biología.

Tener una personalidad equilibrada no está garantizando en nuestra vida. El paso del tiempo la va esculpiendo igual que el escultor hace con la piedra: los golpes de cincel modelan; pero alguno puede dañar o romper irreversiblemente la obra. La personalidad es vulnerable a esos golpes y puede sufrir trastornos leves o graves, temporales o definitivos.

Los trastornos de personalidad

  1. Personalidad antisocial. (antes psicópata). Se trata de un individuo frío, duro e insensible, ambicioso y agresivo, con baja tolerancia a la frustración. No se inhibe ante el peligro o el castigo. Descuida los derechos y el bienestar de los demás. Sus patrones cognitivos son rígidos e inflexibles, evita las emociones tiernas por considerarlas signos de debilidad.
  2. Personalidad narcisista. Es presuntuoso, esnob, mimado y explotador. Sobrevalora su importancia personal. Dirige sus afectos hacia sí mismo más que hacia otros. Espera que los demás reconozcan su valor único y personal. Quiere ser el centro de atención, es emocionalmente frágil y se comporta de forma exhibicionista.
  3. Personalidad dependiente. Se caracteriza por la docilidad. Tiene sensación de falta de ayuda, de apoyo y de reafirmación, baja autoestima, y sentimientos de inferioridad, prefiere abdicar la propia responsabilidad y control en los demás. Cuando está solo, es incapaz de desarrollar una vida constructiva y presenta falta de habilidades para interactuar en su ambiente.
  4. Personalidad histriónica. Es superficial, frívolo, caprichoso y sin empatía. Su conducta es excesivamente dramática, exagerada y afectivamente frágil, y sus relaciones interpersonales se caracterizan por la inmadurez, la seducción y la manipulación. Busca nuevas aventuras y sensaciones interpersonales.
  5. Personalidad pasiva-agresiva. Personalidad ambivalente y negativista. Tendencia a ser opositor, no complaciente, malhumorado, pesimista y quejica. Suele estar descontento y desmoralizar a los demás. El pasivo agresivo muestra rápidos cambios de humor, y parece inquieto, inestable y errático en sus sentimientos.
  6. Personalidad obsesivo-compulsiva. Tiene tendencia a construir su mundo en términos de reglas y normas, esquemas y jerarquías. Se relaciona con los demás según su rango y status. Los valores convencionales son las reglas con las que vive. Es afectivamente reprimido, solemne y serio. No expresa su afecto por miedo a experimentar emociones incontrolables.
  7. Personalidad por evitación. Se caracteriza por sentimientos de aislamiento y soledad combinados con temor al rechazo y la humillación interpersonal. Es hipersensible, posee baja autoestima y es reacio a entablar relaciones interpersonales.
  8. Personalidad esquizoide. Consiste en la incapacidad para percibir el humor o las necesidades de los demás. La persona esquizoide es insensible y poco comunicativa. Es impreciso sobre sus metas, indeciso en sus acciones, permanece absorto en sí mismo y está aislado socialmente. Trabaja calladamente y rara vez atrae la atención de quienes están en contacto con él. Orienta sus capacidades hacia intereses que no demandan contacto interpersonal. Los acontecimientos que en otros causan angustia, alegría o tristeza en el esquizoide no tienen ningún efecto.
  9. Personalidad esquizotípica. La persona esquizotípica tiene una conducta errática, puede parecer excéntrico y extravagante en sus acciones. Prefiere el aislamiento social y realiza actividades que son extrañas para los demás. Su estilo cognitivo es reflexivo y autista, incapaz de orientar sus pensamientos de forma lógica. Su expresión afectiva es apática e insensible. Suele considerarse a sí mismo como desamparado, vacío y sin sentido de la vida.
  10. Personalidad límite. Puede parecer impulsivo, desarrolla crisis espontáneas e inesperadas, por lo que su conducta es impredecible. Se comporta de forma paradójica, aunque necesita el afecto de los demás, actúa de forma manipulativa y variable. Experimenta conflictos entre sus necesidades de dependencia y su característico individualismo. Puede manifestar trastornos de identidad, debido a que no está seguro de quién es o adónde se dirige.
  11. Personalidad paranoide. Es la tendencia a estar siempre en guardia y a desconfiar de los demás, combinada con el deseo de estar libre de relaciones personales íntimas, en las que exista una pérdida de poder, de independencia y autocontrol. La persona se vuelve suspicaz, resentida y hostil. Responde con ira a lo que se asemeje al ridículo, la decepción, el desprecio o la desconsideración. Es incapaz de aceptar sus propios errores y debilidades y mantiene su autoestima atribuyendo sus deficiencias a los demás.
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